Lógica errada: del ímpetus y el movimiento de las cosas

Siglos antes del cristianismo, se suponía que los cielos constaban de nueve esferas que hacían las veces de capas concéntricas, la primera de las cuales contenía a la Luna, la segunda a Mercurio, la octava por ejemplo contenía a las estrellas fijas. Estas nueve esferas requerían de motores para ser movidas. De acuerdo con las teorías de Platón y Aristóteles (nos paramos aproximadamente a principios del siglo IV aC.), dichos motores tenían que ser de un carácter más noble y espiritual que los cuerpos movidos. Es por eso que Platón postuló que había una jerarquía de espíritus en los cielos encargados de desplazar los astros y el filósofo cristiano Dionisio luego identificó a estos seres con los ángeles de las escrituras, agrupándolos en tres conjuntos subsidiarios como se conocen actualmente (serafines, los responsables de la novena esfera, querubines a cargo de las estrellas fijas, tronos, potestades, etc., hasta llegar a los ángeles que se ocupaban de la Luna). Según Dionisio, por encima de todas estas divisiones, en un décimo cielo empíreo, estaba Dios; por debajo de la primera esfera estaba la Tierra.

Esta hipótesis del movimiento de los astros, en la que se suponía la necesidad de un contacto continuo con los cuerpos a ser desplazados y la imposibilidad de la existencia del vacío (no había espacio sin materia, sino que eran astros empotrados) fue trasladada también al espectro terrenal. Al describir el movimiento de una flecha, Aristóteles afirmaba que esta imposibilidad del vacío ayudaba al traslado de la misma. Al moverse la flecha, el aire se apuraba a llenar el vacío que ésta dejaba detrás, y este mismo aire era el que le daba un empuje posterior a hacia adelante. Una de las mayores réplicas a esta teoría fue una demostración empírica, a saber: bajo dicha hipótesis, una flecha con su parte trasera abarcando una mayor superficie desplazaría más aire en su camino, ergo iría más rápido y recorrería una mayor distancia. El experimento básicamente consistió en armar una flecha con la parte posterior a modo de vela, que resulto bastante controversial porque no se movió demasiado, aunque parece que no fue prueba suficiente para contradecir la hipótesis original.

Esta visión del universo y del movimiento de las cosas fue criticada por un autor alejandrino, Juan Filópono (o Filopón), quién fue luego condenado por la iglesia de aquellos tiempos (ahora estaremos por el siglo VI dC). Juan postulaba que no podía darse tal movimiento por parte de los seres angélicos ya que Dios había conferido un ímpetu a los cuerpos, una potencia de motriz propia (algo así como la masa), del mismo modo que había entregado a los cuerpos pesados la capacidad de caer hacia la Tierra (Isaac Newton ajustó este último concepto). Filopón sostenía que no era necesario un contacto directo con el cuerpo para su traslado, sino que dicho cuerpo lo llevaba en sí: el movimiento era propio del cuerpo y no era causado (algo así como la inercia, pero a las patadas).

No voy a desarrollar más porque no es el caso de divertirse a expensas de los pensadores de aquellos tiempos con la anacrónica suficiencia de los que hemos vivido después de Newton y tantos otros científicos que fueron indagando durante cientos de años el comportamiento de la naturaleza con el único fin de darnos la física tal y como la conocemos ahora. La única razón de este artículo es demostrar que muchas veces hasta los pensadores más grandes postularon teorías que, si bien en su momento parecían correctas, con el tiempo la ciencia en su contínuo progreso y perfeccionamiento demostró lo contrario.

Tambien se debe resaltar la importancia del empirismo. La lógica por si sola es insuficiente para descubrir el universo, hace falta recurrir a la formulación de hipótesis lógicas falseables por la evidencia para poder ganar conocimiento, ya que muchas veces nuestra lógica nos falla, y el universo se presenta como contra-intuitivo. El mejor ejemplo de esto es la consideración que el tiempo experimentado depende de la velocidad a la que uno se esta moviendo. ¿Acaso responde eso a la lógica? Pues no, pero la evidencia nos demuestra que esa es la realidad.

6 respuestas a Lógica errada: del ímpetus y el movimiento de las cosas

  1. magari dice:

    Muy interesante, aprendi algo que no sabia

  2. lorenzo dice:

    edu :
    cuando chico tenias alucinaciones con visiones y experiencias insolitas y inexplicables hasta para un adulto , totalmente incomprensibles aun para un chico.
    seria interesante que profundizes de donde un cerebro pueda crearlas.
    jung las clasifica como arquetipos, pero experiencias extra corporales entran en la dimension de lo que se denomina ” misterio”.
    como los arquetipos se fijan en nosotros ?
    nuestro dna posiblemante tenga similitudes con lo de los dinosaurios, te dejo el tema , el misterio de nuestro cerebro, y de la posible memoria que nascondemos y que aparece en la mente de un chico con visiones que nunca experimento ni pudo conocer.
    conoci un esquizofrenico que en sus ataques hablaba griego, yo la habia estudiado en secundario , el ni sabia de la existencia de grecia.
    ciao
    lorenzo

  3. Fanacademia dice:

    El ser humano no utiliza ni el 20% de su cerebro (en mi caso, ni el 5% XD)… Es como el tema del Deja-Vu. Andá a saber que caracho le pasa al cerebro en esos instantes.

  4. Fanacademia dice:

    Mirá vos, no sabía eso… Igual, yo sigo sin usar mas del 5% 😉

  5. mariano dice:

    Mucho dolina…

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