Comida Orgánica

abril 22, 2010

Es frecuente encontrar gente que, a la hora de comer, nos comenta de las excelentes frutas y verduras que pudo conseguir en algún lugar exótico. A todos nos interesa conseguir mejores productos, más sabrosos y más baratos. Generalmente, la comida “orgánica” es muy rica, y puede llegar a tener mejor sabor y color que la fruta que conseguimos en el supermercado. Sin embargo, creo que es fácil ver lo absurdo que es usar la palabra “orgánica” para distinguir una manzana de otra: toda fruta y verdura es orgánica. ¿Entonces, cual es la diferencia? Bueno, primero, hay que destacar de entrada la descripción deshonesta del producto. La palabra “orgánica” no es usada por el productor para describir un atributo del producto, si no para que el cliente lo haga. Es como decir “comida molecular”. Es una redundancia tremenda, pero en nuestra mente, automáticamente pensamos en algo, generalmente positivo. Es así como la palabra “orgánica” se interpreta por los consumidores cualquiera de las siguientes: producida localmente, libre de insecticidas, crecida sin fertilizantes, transportada por camiones ecológicos, más sabrosa, mayor color, más grande, más pequeña, más natural, light, sin adulterar o sin persevantes.

Si alguna vez asociaron alguno de esos conceptos con un producto orgánico, lo honesto es admitir que fueron engañados. No estoy diciendo que no tengan esos atributos, solo estoy diciendo que no hay razón alguna para pensar que los tienen debido a la palabra “orgánico”. Cuando nos hablan de productos orgánicos, el nombre en sí no contiene información. Es exactamente igual a decir “un circulo redondo”, “agua mojada”, “triangulo triangular” o “comida comestible”. La comida “orgánica” puede ser excelente, superior en todos los aspectos a la comida “normal”, pero personalmente, no me parece honesto, y de hecho desconfío de quien use el término, porque si no sabe que toda comida, por definición, es orgánica, entonces, ¿por qué habría de creer lo que dice sobre la comida? Es como darle importancia a lo que dice un físico que no sabe que todo cuerpo tiene gravedad.

Entonces, ¿a que se están refiriendo? El término es tan amplio y vago, que la verdad es que hay que preguntar personalmente en el lugar donde queremos comprar. A veces, son productos “Premium”, producidos en el mismo lugar que los otros productos, pero diferenciados por su color, tamaño o calidad. Generalmente se refieren a que no se usaron pesticidas o fertilizantes, lo cual es probablemente una mentira. Los fertilizantes proveen los minerales necesarios para que la planta crezca. Sin esos minerales, no hay planta. Entonces, quizás se están refiriendo a que no usaron fertilizantes “químicos”, si no fertilizantes “naturales”, por ejemplo, nitrato de potasio comprado en la forma de estiércol de vaca. El problema de los fertilizantes minerales producidos industrialmente es que no contienen todos los compuestos que el suelo necesita, lo cual puede hacer que el mismo pierda su capacidad para soportar las plantas. Por otro lado el problema con el fertilizante orgánico es que debe ser procesado para evitar la transmisión de pestes y enfermedades. Hay que recordar que ningún producto, ninguna solución, es enteramente buena y perfecta. Siempre hay diferencias que pueden ser buenas o malas, según el caso.
Bueno, vayamos al grano. ¿Son los productos orgánicos más saludables, mejores para el medio ambiente y mejores para la economía local?

¡Salud!

A pesar de lo que nos pueda decir el “sentido común” (o el sentimiento anti-corporativo), los productos orgánicos no son más saludables que la comida normal. Al menos eso es lo que descubrieron unos investigadores británicos que evaluaron 162 estudios independientes sobre comida orgánica. Cuando lo pensamos bien, tiene sentido. Las únicas diferencias en un producto y otro son más que nada cosméticas o del tipo productivas, que no inciden en el producto, el cual en el fondo, es creado por el aire, el sol y los minerales en la tierra. Si las condiciones son algo similares, difícilmente difiera el resultado final. Es una falacia pensar que porque algo crezca en una granja local chica y no en una lejana y grande, el producto sea más sabroso o nutritivo. ¿Por qué es una falacia? Porque ese pensamiento proviene de una posición ideológica que tiene muchísimo más que ver con la política que con la biología.
Esto quizás sorprenda a muchos, pero las cosas “naturales” no necesariamente son mejores que las artificiales. Por ejemplo, se ha descubierto recientemente que la luz fluorescente de los supermercados aumenta el valor nutricional de la espinaca. Así es. Espinaca que estuvo unos días bajo luz artificial, en un estante, es más saludable y nutritiva que la recién cosechada de la huerta “natural” de la granja.
Pero, ¿qué hay de los pesticidas y conservantes? Cualquier producción que no use pesticidas representa tanto un riesgo para el productor como para el consumidor. Para el productor, porque puede perder la cosecha entera con una peste. Para el consumidor, porque puede terminar comprando un producto infectado. Si podemos asegurar la calidad del producto de otra manera, perfecto, pero la idea de los pesticidas es reducir los riesgos y aumentar la producción. Las producciones sin pesticidas pueden ser viables en un país desarrollado, pero nunca lo serán en un país donde lo más importante es la seguridad tanto en la producción como del producto. Por lo tanto, muchas granjas hacen uso de pesticidas “naturales”, los cuales pueden ser menos específicos que los desarrollados industrialmente, y menos efectivos. También pueden resultar más dificiles de remover cuando lavamos las hojas, y pueden contener mayores concentraciones de agentes cancerígenos. Incluso, la ineficiencia de un pesticida puede traducirse en la secreción de toxinas en la planta al necesitar esta mayor protección. Dichas toxinas pueden tener efectos adversos sobre otros organismos, nosotros incluidos. ¿Esto es mejor que usar pesticidas más eficientes? ¡No se! Actualmente, se pueden desarrollar pesticidas que afectan únicamente a los organismos deseados. ¿Es esto “natural”? Nosotros necesitamos oxigeno para respirar, a otros organismos el oxigeno les resulta tóxico, decidan ustedes.

Recuerden que vivimos en países donde la mayoría de la población vive un promedio de 75 años. Esa gente come productos con conservantes y pesticidas. Si los mismos fuesen altamente tóxicos o insalubres, ¿por que vivimos tanto? ¿Por qué no vivíamos 75 años antes de la aparición de pesticidas y conservantes? Seguro no son lo mejor para tener dentro del cuerpo, pero, ¿cual es la alternativa? ¿Comer plantas con mayores toxinas naturales, porque tuvieron que protegerse más? Mi argumento es que hay un punto medio, y que la fantasía de que la comida “orgánica” es un milagro y el resto una abominación de la era industrial es infantil e incorrecta.

Factibilidad

El mayor problema de los productos orgánicos es que son bienes limitados. Sería imposible alimentar a la población del planeta si todos consumiéramos productos “orgánicos”, debido a que su producción es más ineficiente (más espacio necesario por kg de alimento), por lo que tendríamos que usar aun más tierra para agricultura, aumentando aún más nuestro impacto sobre el ecosistema. Por lo contrario, las semillas alteradas genéticamente aumentan la vida de la tierra, reduciendo su desgaste y pueden ser plantadas en mayor densidad.

En lugares como África o América del Sur, lo importante es garantizar una producción de comida confiable, económica, escalable y eficiente. Las semillas modificadas genéticamente aseguran estas condiciones, y es muy efectiva haciéndolo. Las semillas tradicionales no son tan eficientes, y los riesgos de pérdida de la producción por algún inconveniente son mayores. Si, entiendo que el mundo también giraba antes de que las semillas modificadas existieran, y que a pesar de su impacto, aun hay gente muriéndose de hambre, pero estas argumentaciones no comprenden la postura: no estoy diciendo que sean perfectas, estoy diciendo que en algunas cosas son mejores, y que si, en vez de valernos de los beneficios de la economía de escala y empezamos a producir el alimento “a la antigua” en ciertas regiones, se van a producir muchos problemas.

Ambos tipos de cosecha tienen sus ventajas, pero esto no debería traducirse en una batalla política o ideológica por la defensa de una práctica o la otra. Son maneras distintas de hacer una misma cosa, y, de la misma manera que podemos regar por goteo o por aspersión, la discusión sobre cual práctica es mejor debería estar enmarcada en un contexto y basada en los datos verificables, no en una postura ideológica descontextualizada de la realidad.

Ideología

Me lo veo venir:

“Pero, los productos transgénicos están patentados por malvadas corporaciones que quieren privatizar la naturaleza. El local de comida orgánica de la esquina le compra sus verduras a un viejito de 60 que es re simpático, y que necesita la plata para vivir. En esas empresas los dueños manejan BMWs y andan en barco por Europa.”
Si, hay muchos problemas con los aspectos legales de patentación de estas semillas, y ciertamente, hay empresas ahí afuera que podrían ser un poco más humanas, lo entiendo, pero, ¿que tiene esto que ver con la diferencia entre una comida y otra? Nada. Si uno decide comprar alimentos orgánicos por una postura política, lo aplaudo. Por suerte, vivimos bajo un sistema que permite al consumidor premiar o castigar usando su dinero, y me parece excelente, pero, nuevamente, hay que separar la discusión de las empresas que fabrican el producto de la discusión sobre el producto en sí.
Que un producto orgánico sea producido en la granja de una pareja de viejos amigables y que un producto transgénico haya sido producido en el startup de un joven de 32, no incide sobre la calidad del producto final: incide sobre nuestros valores políticos e ideológicos. Un tomate no es mejor por ser obra de una persona simpática, y no es peor por haber sido plantado por un asesino serial.

Hora de comer

Mucha gente que lea este artículo me va a malinterpretar. Lo sabía antes de escribirlo, y es inevitable, a pesar de mis enormes esfuerzos por ser muy claro, incluso redundante, en mis explicaciones. Simplemente, es un tema muy polarizante. Lo único que pretendo es que se entienda que “comida orgánica” no describe nada, y que cualquier consumidor debería preguntar y asegurarse de que lo que cree que está comprando es efectivamente lo que ha previamente considerado que era. Pretendo que entendamos que el debate es complicado, y que no hay blanco ni negro, y que la postura política de uno debería al menos respetar la información científica disponible sobre el tema en cuestión. Es decir, deberíamos formar una opinión ayudándonos con esa información, y no tomar una opinión y luego buscar información que nos dé la razón.
Un tomate genéticamente modificado es tan tomate como un ovejero alemán es perro. Ambos son el producto de años de intervención y selección humana. Cualquier verdura, cualquier alimento es, en el fondo, compuesto por exactamente las mismas moléculas base. La boca y nuestro cuerpo son incapaces de notar la diferencia, solo existe en nuestra cabeza. Si, hipotéticamente, podría ofrecerles un plato de ADN de rata o de ADN de lechuga, ¿cual erigirían? No hace falta que contesten, todos sabemos la respuesta. La realidad es que ambos contienen las mismas moléculas, en proporciones levemente distintas. Debemos aceptar esto, debemos aceptarlo a pesar de que suene extraño y suene una alarma en nuestro cerebro diciendo “¡¡¡Puaj!!! ¡¡¡ Estas comiendo una rata!!!”. No podemos dejar que una ilusión determine que es real para nosotros. Si una lechuga tiene un gen de león para crecer con más… furia, ¿qué importa? ¿Es anti-natural? Imposible, a menos que nuestro concepto de “natural” se base en un misticismo ilusorio.

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